Tantra: parte de la cultura

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Cada vez se arma menos revuelo cuando escuchamos la palabra «tántrico». No se trata de una filosofía ni es una doctrina o un manual para ser buen amante, como muchos consideran. Tampoco es una corriente intelectual, ni se plantea el porqué de las cosas, ni intenta definir la verdad. El tantra es algo que recuerda a quien lo practica que la persona es la inmensidad del cielo, convertida en un espacio que lo contiene todo. Una revolución interna que se despoja de toda creencia, moralidad o concepto de la mente con la finalidad de crear el espacio interno que se precisa para concebir una verdad infinita y atemporal. Al mismo tiempo, aporta las herramientas necesarias para la comprensión y aceptación de la naturaleza propia que permite que nos amemos los unos a los otros y a nosotros mismos.

El tantra entiende la dualidad como el roce mediante el cual se genera la vida: positivo-negativo, luz-oscuridad, hombre-mujer, energía-materia, sexo-espíritu, etc. Es el momento en que esta dualidad deja de ser un roce conflictivo en el que una parte niega a la otra; se acepta y comprende la propia dualidad y vivir se convierte en un baile y una celebración. El tantra no niega ni favorece el sexo, tan solo se adentra en la naturaleza humana tal cual es, sin que exista ningún tipo de evaluación moral. Un tántrico ama su cuerpo, su mente, su corazón y su espíritu.

Al mismo tiempo, el tantra es un desafío ante todos aquellos tabúes y credos que impone cualquier religión o código moral. Los grandes místicos de la tradición tántrica fueron perseguidos y condenados de manera constante. Aunque se trata de una rebelión contra los preceptos morales y represivos, no enseña el libertinaje; se centra en la observación inteligente del ser humano con todas sus contradicciones y la aceptación de que cuerpo y alma son divinos porque proceden de la misma fuente, la misma conclusión a la que ha llegado la física cuántica.

Un origen lejano

El significado del término tantra no es otro que el de técnica. El Vighyan Bhairav Tantra no es otra cosa que una recopilación de técnicas para el despertar de la consciencia del místico Gorakh Nath, que reunió todas las corrientes tántricas hace cinco mil años para unificar las enseñanzas, como nos han explicado en Senzara Masajes Eróticos en Valencia, donde ofrecen experiencias tántricas exclusivas dentro de un santuario de intimidad, sensualidad y bienestar.

También se conoce al tantra por la reencarnación de Shiva, el ser iluminado que simboliza la consciencia en su estado puro. Para adentrarse en el origen del tantra, hay que situarse en el contexto de la antigua India, en el que toda una nación, independientemente de las creencias y orígenes de sus habitantes, creía en el despertar de la consciencia y la iluminación. A través de Shiva llegaron ciento doce técnicas mediante las cuales era posible alcanzar dicho estado, técnicas que, en la actualidad, siguen presentes por considerarse como llaves científicas para el despertar.

Estas técnicas se describen en un diálogo amoroso entre Shiva y Shakti cuando ella le pide que le hable del amor. De las ciento doce técnicas descritas, tan solo media docena habla de forma directa del encuentro sexual, ya que el tantra incluye el sexo y la afectividad emocional dentro de sus enseñanzas para alcanzar el despertar, lo que ha sido objeto de rechazo y persecución para sus practicantes durante siglos.

El ser humano que entiende su divinidad y ha experimentado la unidad no puede supeditarse a ninguna creencia limitante, religiosa o sociopolítica, por lo que las religiones y gobiernos de cada época han tratado de suprimir estas corrientes, tachando el sexo de pecado. El mismo Osho, místico contemporáneo que desempolvó las escrituras del tantra y las mostró en un lenguaje actual y contemporáneo, vivió su propia experiencia de condena. A raíz de la persecución, los tántricos huyeron en varias direcciones y se refugiaron en el Himalaya, China, el Tíbet, etc. De ahí que en el presente nos lleguen diferentes aspectos del tantra y cada maestro aporte su particular esencia a la enseñanza en función de su experiencia y del maestro que se la haya transmitido previamente. En la India se pueden encontrar templos que siguen en pie a pesar de la polémica despertada a raíz del descubrimiento del reflejo que proporciona la actitud del tantra hacia la vida.

El tantra es un camino espiritual que trabaja con la totalidad del ser. Es decir, cuerpo, mente, energía, emociones y consciencia. El punto de partida filosófico es que la realidad es conciencia (Shiva) y todo lo que existe es la manifestación de esa conciencia (Shakti). A partir de ahí se desprende una visión radicalmente optimista del ser humano, en la cual no hay nada roto, manchado o que necesite ser corregido. Tan solo existen aspectos dormidos que pueden ser despertados.

El tantra occidental o contemporáneo, conocido como neotantra, adquirió estos principios y los adaptó a las necesidades de Occidente mediante la integración de la meditación, el trabajo corporal y la sexualidad consciente. Esta variante no es mejor ni peor que la tradicional, tan solo responde a una necesidad de la época.

Desmitificando el tantra

La sexualidad forma parte del tantra, una parte tan esencial como importante, sin lugar a dudas, pero no lo es todo. El tantra incluye meditación, pranayama, mantras, rituales, filosofía, trabajo con la energía y más, mucho más. Reducir el tantra exclusivamente a una práctica es como afirmar que el yoga es tan solo la realización de estiramientos.

En los talleres se trabaja con la energía, el cuerpo, la respiración, el contacto consciente y la presencia. Adentrarse en la cultura del tantra es adentrarse en una tradición espiritual que conjuga sabiamente las virtudes de la mente, el cuerpo y el alma, para elevar el contacto de los cuerpos a un nivel superior.

Tampoco se trata de algo destinado a personas que padecen problemas sexuales. El tantra es para cualquier persona que quiere vivir con mayor presencia, profundidad y consciencia. Son muchas las personas que participan en talleres de tantra sin tener problemas específicos. Tan solo quieren ir más allá de lo ordinario y adentrarse en lo extraordinario.

El tantra no va en contra de la espiritualidad, como algunos creen. Al contrario, se trata de una de las tradiciones espirituales más completas que se pueden encontrar. La diferencia es que no separa lo sagrado de lo profano ni trata al cuerpo como un obstáculo para lo espiritual, sino que lo considera la puerta de entrada.

No es una religión ni requiere pertenecer a una religión concreta o creer en algo. No exige tener creencias. Se trata de una práctica experiencial en la que lo que cambia es lo que se siente y lo que se vive, no lo que se cree. A veces, aquellas personas más escépticas llegan más lejos en los talleres de tantra, demostrando que no se trata de un sistema de creencias.

Cuando se deja de convertir el sexo en una carrera para llegar a algún sitio o en una lucha de poderes en la que se responsabiliza al otro para conseguir algo, vivirlo con morbo o como nos ha enseñado la sociedad, y se aprende a llevar este acto a la consciencia y el amor, se descubre una puerta hacia el éxtasis que espera ser despertado. El placer de la sexualidad de entretenimiento no es más que un diez por ciento de la capacidad de generar amor y placer. Quienes practican tantra descubren que la unión de las polaridades principales, hombre-mujer y masculino-femenino, comienza tras una fusión relajada de al menos media hora, ya que circula la energía electromagnética entre los genitales y el corazón de los amantes. Si la unión continúa, puede culminar en una comunión de éxtasis entre cuerpo y alma, siendo profundamente sanadora.

El camino que propone el tantra enseña a liberar el cuerpo de los juicios y tensiones que se acumulan por las experiencias y creencias del pasado. Se aprende a liberar las heridas emocionales que se generaron en la infancia y en los contactos íntimos, asentando las bases que permiten que el amor fluya y que se pueda confiar y transmitir confianza. Con el tantra se aprende a observar la mente para que se deje y viva en el ahora, siendo creativos y dejando de repetir las pautas y los sistemas de creencias actualmente obsoletos y dañinos. De manera que se crea el espacio adecuado para permitir que la energía fluya con la libertad y naturalidad necesarias.

En definitiva, el tantra es adecuado para cualquier persona que sienta que la vida es más de lo que está viviendo. Aquellos que quieren mejorar su relación con el cuerpo, con el placer, con su pareja o consigo mismos y sienten que la espiritualidad tiene que vivirse. No hace falta tener experiencia previa ni pertenecer a una cultura concreta; tan solo es necesario sentir curiosidad y tener la predisposición necesaria para adentrarse en la práctica. El tantra no es lo que la cultura popular ha hecho del tantra; es una tradición milenaria, profunda y transformadora que tiene mucho que ofrecer.

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