Así pasé de querer vivir de alquiler… a comprarme un piso

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Si tuviera que explicar cómo ha sido mi año 2025, la verdad es que no encontraría alguna palabra concreta para dar en el clavo y definir exactamente cómo ha sido. Lo que tengo claro es que no soy el mismo que cuando comenzó porque han pasado cosas que ni siquiera me podía haber imaginado. Si mi yo del mes de enero se encontrara con mi yo del mes de noviembre o el de diciembre, no se creería lo que ha pasado. Han sido muchas cosas y prácticamente desde todos los planos de la vida, pero del que os voy a hablar ahora tiene que ver con la compra de un piso.

Yo nunca he sido partidario de comprar una vivienda. Tengo 30 años y siempre he creído que, en un mundo en el que la inestabilidad económica se ha convertido en algo tan habitual y teniendo en cuenta cómo ha afectado eso al mercado laboral, atarte a un sitio a través de la compra de un piso es un peligro. Corres el riesgo de que tu trabajo de ahora no lo sea para toda la vida y que no tengas la misma facilidad para irte a vivir a otra ciudad en caso de que te salga trabajo allí. Y eso siempre me había hecho partidario de optar por una fórmula como la del alquiler.

El problema es que, en los últimos años, el alquiler se ha disparado más de lo que los jóvenes podríamos soportar. Si algo caracteriza a mi generación, es que es la primera que va a vivir peor de lo que lo hizo la de sus padres. Desde que comenzó el lío entre Rusia y Ucrania en febrero de 2022, la vida se ha encarecido un montón en España. A veces me pregunto si no estaremos nosotros pagando las restricciones que dice la Unión Europea que pone a los rusos, aunque esa es otra historia. El tema es que el alquiler no para de subir y, como apunta la noticia del portal web de Idealista que os voy a enlazar a continuación, el precio del alquiler en este mes de octubre ha sido un 10’9% anual. Mal asunto.

El tema es que así era difícil mantener un alquiler. En muchas ocasiones, la mensualidad de un alquiler ya supera a la cuota mensual de una hipoteca y la verdad es que eso es lo que me empezó a hacer cambiar el chip. Eso y una conversación con mi hermano en la que él mismo me decía que tenía que pelear por pagar algo que fuera mío, no invertir un dinero que cayera en saco roto, que era lo que decía él que era una metáfora del pago de un alquiler. El caso es que esa reflexión y la realidad del alquiler en España me hizo empezar a plantearme una opción como la de la compra de un piso.

Estuve pensando largo y tendido en este asunto y tomé la decisión de empezar a mirar pisos para saber un poco cómo estaban los que se vendían en mi zona. Como os podéis imaginar, vi de absolutamente todo: pisos que eran un verdadero zulo, otros que estaban mejor, pero que necesitaban una reforma, otros que sí que podían cuadrar con lo que yo quería pero que eran muy caros… Así estuve varios meses en los que tengo que decir que mis pensamientos fueron de todos los colores y en los que tuve momentos tanto de bajón como de mucho optimismo. Supongo que es algo que será habitual entre todas las personas que quieran comprar un piso a día de hoy, pero que no tengan una millonada en el banco para ello.

Qué curiosa será la vida cuando el piso que más me gustó de todos los que vi durante el primer semestre de este año estaba justo en el edificio en el que vivía de alquiler. Se trataba de un piso más grande que en el que yo vivía previamente, que cumplía con todo lo que yo quería y que, desde luego, me salía a un precio que, siendo caro, estaba por debajo de lo que estaban pagando por pisos similares e incluso más pequeños en la zona en la que me encontraba, una zona que me encantaba y de la que prefería no moverme porque realmente tenía de todo en un corto radio de kilómetros.

Moví todo lo necesario para intentar la compra de ese piso y mi banco me comunicó que me podía ofrecer la hipoteca. Fue un gran respaldo para mí, pero ya sabéis que el hecho de que se oficialice esto depende también de la tasación de la misma. La compraventa se iba a desarrollar entre particulares, así que me tuve que encargar yo mismo de buscar el servicio de tasación para que la operación se pudiera realizar cuanto antes. Vi varias páginas web de posibles proveedores y decidí quedarme con Tasaciones en Alicante porque estaban especializados tanto en tasaciones hipotecarias, en tasaciones de compra y venta e incluso en herencias y repartos, lo cual me daba cierta seguridad. El servicio se ejecutó justo como lo necesitaba, de una manera bastante rápida.

Por si fuera poco, se desarrolló en favor de mis intereses porque la tasación más o menos se cifró en el valor por el que había comprado el piso. Esto ya sabéis que hace posible que la compraventa se desarrolle en los términos que deseamos y no cabe la menor duda de que eso permitió que, finalmente, pudiera adquirir ese piso en propiedad. Para el mes de septiembre, ya había realizado la mudanza y me encontraba viviendo allí. Lo que os decía al principio: si eso me lo hubieran dicho en enero, creo que hubiera alucinado mucho conmigo mismo y con lo que cambian las cosas en tan poco tiempo.

Soy muy feliz después de unos meses en mi nueva vivienda. Es verdad que he tenido que acometer varias inversiones desde que me trasladé a vivir allí. Tuve que pintar la vivienda porque las paredes no tenían un blanco claro, tuve que cambiar la caldera y he tenido que comprar algunos muebles. Y todavía tengo cosas que hacer: cambiar el suelo, hacer lo propio con las ventanas y quitar un mueble del salón que es enorme y que, por no meterme en demasiados jaleos, no he querido cambiar hasta ahora. Aunque tengo asuntos pendientes, estoy construyendo un hogar que me ilusiona y en el que quiero permanecer durante el resto de mi vida.

Creo que hay mucha más gente en mi situación

Me da la sensación de que no soy el único que ha tenido que afrontar una situación como la que he descrito a lo largo de los párrafos anteriores. La verdad es que nos encontramos en una situación bastante peculiar, porque lo que no se ha visto nunca es que el precio del alquiler esté por encima del que implica pagar una cuota de una hipoteca. Quizá sea por eso por lo que está creciendo el número de personas que, aunque nunca hayan tenido la intención de comprar una vivienda, sí que se lo estén planteando en la actualidad si creen que sus condiciones laborales lo permiten.

Una buena prueba de lo que decía en el párrafo anterior la ofrece también la web de Idealista, que señalaba que en 2024 se vendieron más de 700.000 viviendas en España incluso a pesar de que el precio se encareció en un 6’9%. Desde luego, es una cifra de viviendas que no está nada mal y que no cabe la menor duda de que demuestra que la realidad de la gente está más enfocada hoy en día a comprar un piso que a alquilarlo. Y es que es lo idóneo si queremos pagar algo menos cada mes por una vivienda, aunque implique acometer una inversión inicial que suele ser grande.

Yo creo que comprar ahora es un acierto. En primer lugar, porque lo de que te ahorras un dinero en cada mensualidad es una realidad como la vida misma. Yo pagaba antes 750 euros de alquiler en mi antiguo piso y, una vez que me cambié, el casero subió el precio a 1.150 euros. Eso es, lógicamente, mucho más de lo que te va a costar una hipoteca al mes. Y precisamente por eso somos muchos los que nos hemos lanzado a la compra. No había otra elección porque, además, tiene pinta de que el precio del alquiler va a seguir subiendo.

Espero que mi caso os haya resultado revelador y que os muestre la realidad de lo que hay a día de hoy en un mercado como el inmobiliario. Es cierto que muchas veces se puede pasar miedo cuando empezamos a sondear la posibilidad de comprar un piso porque nos sentimos de cierta manera «obligados» a, ya que miramos, comprarlo. Pero no os asustéis. Es algo que, a fin de cuentas, os va a resultar sumamente beneficioso para vuestros intereses y los de las personas a las que queréis.

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