Solemos relacionar el sector bucodental con la ortodoncia invisible últimamente, ¿verdad? Con tanto anuncio, tanta preocupación por tener la sonrisa perfecta, y esta moda que estamos notando más que nunca que abarca la perfección de pequeños y adultos se nos hace difícil imaginar algo más al pensar en el dentista. Aun así, hay sectores más “ocultos” al público que solucionan problemas mucho más complejos y que aportan beneficios muy importantes para un cierto número de personas, como ocurre con los implantes.
¿Imaginas qué sentirías si pierdes algún diente? Y no nos referimos a como cuando eras pequeño y se te caían los de leche: hablamos de tu diente de toda la vida. Esta pérdida tiene consecuencias de todo tipo, no sólo físicas: afecta a la autoestima también. Por ello, el sector de la implantología es tan importante en la odontología, a pesar de no estar tan reconocido como la ortodoncia invisible, por ejemplo. En dicho sector, además, destaca un tipo de implante que tiene un peso bastante destacable: el implante cigomático.
Como sabemos que no a todos nos va a sonar este tecnicismo, hemos decidido hacer un artículo dedicado a ellos: porque puede que, en algún momento, te haga falta conocer su existencia, ya sea para ti o para un ser querido. Es importante que sepas qué son, qué problemas cubren, qué precio rondan, cómo se colocan en la boca, etc. Así que vamos a ello:
Implante cigomático.
El implante cigomático es un tipo de implante dental diseñado para situaciones especiales en las que el hueso maxilar no tiene la densidad o altura suficiente para soportar los implantes tradicionales. A diferencia de los implantes convencionales, que se colocan directamente en el hueso maxilar superior, los implantes cigomáticos se anclan en el hueso cigomático, que es mucho más denso y resistente.
Los trabajadores de la Clínica Dental Puerta de Alcalá, expertos en implantes cigomáticos en Madrid, exponen que el hueso cigomático es aquel que forma lo que comúnmente llamamos “pómulo” o “hueso malar”, y explican que este proporciona una base sólida que permite sostener prótesis dentales completas, incluso en pacientes que han perdido mucho hueso debido a la edad, enfermedades periodontales o atrofia ósea.
Respecto a su etimología, encontramos que la palabra “cigomático” proviene del griego zygoma, que significa “yugo” o “arco”. Esto no es casual: describe la forma arqueada del hueso que se extiende desde la parte lateral del ojo hacia la zona de la mandíbula superior, formando un arco que refuerza la estructura facial. Por eso, el implante cigomático toma su nombre directamente del hueso donde se ancla, subrayando la relación entre su función y la anatomía de la cara.
¿Qué necesidades cubren exactamente estos implantes?
Los implantes cigomáticos cubren necesidades muy concretas que los implantes tradicionales no siempre pueden resolver:
Su principal función es lograr la colocación de prótesis dentales en personas que, por la pérdida de hueso maxilar, no podrían usar implantes convencionales sin someterse a procedimientos adicionales muy largos y complejos. En muchos casos, cuando un paciente ha sufrido pérdida ósea significativa (ya sea por enfermedades periodontales, cirugías previas, traumatismos o simplemente por el paso del tiempo), el maxilar superior carece de la densidad necesaria para sostener un implante estándar. Aquí es donde los implantes cigomáticos entran en juego, proporcionando una base sólida en el hueso pómulo, que es mucho más resistente y estable.
Además de ofrecer un gran soporte para la restauración dental, estos implantes también ayudan a mantener la estructura facial y la estética del rostro, pues cuando el maxilar pierde hueso, la cara puede mostrar hundimiento (especialmente en la zona de los pómulos y la boca) lo que hace que la apariencia general se vea envejecida o debilitada. Al anclarse en el hueso cigomático, los implantes además de sostener la prótesis, ayudan a preservar la forma natural del rostro, evitando ese hundimiento y aportando un resultado más armónico y juvenil.
Otra necesidad que cubren es reducir la dependencia de injertos óseos extensos. Antes de la llegada de los implantes cigomáticos, los pacientes con atrofia maxilar severa tenían que someterse a injertos que podían implicar cirugía en otras zonas del cuerpo, largos periodos de espera para que el hueso se integrara y múltiples visitas al especialista; en este contexto, los implantes cigomáticos pueden saltarse este paso en muchos casos, acortando tiempos de tratamiento y reduciendo molestias para el paciente.
Por si fuera poco, estos implantes también satisfacen la necesidad de ofrecer soluciones duraderas y fiables en situaciones complejas: su diseño y longitud logran una fijación firme incluso en casos en los que el hueso remanente es mínimo. Esto significa que, con una planificación adecuada y un procedimiento bien ejecutado, los pacientes pueden recuperar funcionalidad masticatoria completa y estabilidad para sus prótesis, algo que sería muy difícil de conseguir con métodos tradicionales en maxilares severamente comprometidos.
¿Cómo se colocan estos implantes?
Tanto si es por curiosidad, como si es porque te sientes preocupado porque tú o un ser querido vais a realizaros la siguiente intervención, es normal que busquéis saber cómo se colocan estos implantes.
A grosso modo, la operación se estructuraría y se llevaría a cabo de la siguiente forma:
- Evaluación inicial: antes de cualquier intervención, el especialista realiza un estudio completo del paciente mediante radiografías y tomografías. Este paso le ayudará a conocer la densidad del hueso maxilar, la posición del hueso cigomático y la cercanía de estructuras delicadas como los senos paranasales o los nervios.
- Planificación del tratamiento: con la información obtenida, se diseñará el procedimiento de colocación, determinando la longitud del implante, el ángulo de inserción y la ubicación exacta. Es importante comprender que esta planificación es la clave para garantizar estabilidad y seguridad a lo largo del procedimiento.
- Aplicación de anestesia: la cirugía se realiza bajo anestesia local combinada con sedación en la mayoría de los casos, aunque algunas intervenciones pueden requerir anestesia general según la complejidad y la preferencia del paciente.
- Incisión y acceso al hueso: se hace una pequeña incisión en la encía para exponer la zona del maxilar superior y el hueso cigomático, con cuidado de no afectar nervios ni estructuras cercanas.
- Colocación del implante: el implante, más largo que los convencionales, se inserta siguiendo el ángulo previamente planificado, atravesando parte del maxilar y fijándose firmemente en el hueso cigomático.
- Revisión y cierre: una vez colocado, se comprueba la estabilidad del implante y se sutura la encía. Dependiendo del caso, se puede colocar una prótesis temporal de forma inmediata o esperar a que el implante se integre con el hueso.
- Postoperatorio y cuidados: tras la intervención, el paciente deberá seguir unas indicaciones específicas: reposo relativo, higiene oral cuidadosa y revisiones periódicas para asegurar la correcta integración del implante y prevenir complicaciones.
¿Son para todo el mundo?
A pesar de que son una opción muy atractiva, lo cierto es que no todos los pacientes son candidatos para implantes cigomáticos. Este tipo de implante está fundamentalmente indicado para personas con pérdida ósea severa en el maxilar superior que necesitan sostener una prótesis completa y no pueden recurrir a los métodos tradicionales sin someterse a injertos complejos. Por ende, aquellas personas con buena salud general que sufran atrofia maxilar avanzada, suelen ser los candidatos ideales.
Por contra, hay situaciones en las que no se recomienda: pacientes con ciertas enfermedades sistémicas no controladas, problemas de coagulación, infecciones activas en la boca, tabaquismo excesivo o mala higiene oral prolongada. En cualquier caso, cada paciente requiere una evaluación individual para determinar si la intervención es segura y viable, y es el especialista quien decide el plan más adecuado.
Preparando un presupuesto.
A la hora de calcular un presupuesto para recurrir a la colocación de implantes cigomáticos, hay varios factores que se tienen en cuenta:
- Primero, la complejidad de la cirugía: dependiendo de si se coloca un implante unilateral o varios, y si se acompaña de prótesis inmediata, el tiempo y los recursos necesarios cambian.
- También influye la experiencia del cirujano y el centro donde se realice la intervención, así como la calidad de los materiales, ya que los implantes cigomáticos son más largos y requieren aleaciones específicas para garantizar resistencia y durabilidad.
- Además, hay que considerar pruebas previas como radiografías panorámicas y tomografías, así como revisiones postoperatorias y, en algunos casos, prótesis temporales durante la fase de integración del implante.
Todo esto se suma al gasto global del tratamiento, por lo que un presupuesto realista incluye tanto la parte quirúrgica como el seguimiento y la prótesis definitiva. Sin embargo, podemos hacer una estimación rápida buscando en internet: encontramos que el precio de un implante cigomático individual ronda los 2.000 €, aunque el coste total de una rehabilitación completa de la arcada superior puede variar entre 12.000 y 18.000 €; sea como sea, se debe recurrir a una evaluación individual del odontólogo para saber con exactitud qué gasto vamos a afrontar.
¿Merece la pena?
¡Definitivamente! Sobre todo, para aquellas personas que sufran pérdida ósea significativa y no pueden usar implantes tradicionales sin recurrir a injertos complejos. Los implantes cigomáticos son la mejor opción para recuperar la función masticatoria y la estética facial en menos tiempo, con resultados duraderos y una solución mucho más directa y segura que las alternativas convencionales.