Por lo general, pasamos mucho tiempo al día en nuestros puestos de trabajo, por lo cual las situaciones, buenas o malas, que vivimos en él afectarán directamente en nuestra salud mental, convirtiendo nuestro espacio de trabajo en un lugar en donde, o bien podemos aprender a cuidar nuestro bienestar interior y nuestras relaciones con los que tenemos a nuestro alrededor o un lugar en el que más bien nuestro bienestar psicológico se destruya.

Para lograr ese estado de paz mental en nuestro puesto de trabajo, lo primero es evaluar que podemos hacer para cuidar de nuestra salud mental dependiendo de las características particulares de nuestro espacio laboral, además de los factores de riesgo que podrían detonar una decaída. Así, como cada persona es diferente, las situaciones a trabajar serán muy variadas.

Sin embargo, el equipo experto en psicología de Terapia Psi nos comenta que si que hay algunos consejos que se pueden aplicar para asegurarnos el bienestar psicológico sea cual sea nuestro caso. Solo se trata de adaptarlas a tu realidad en particular, de forma que sean efectivas dentro de tu entorno y analizar que otras herramientas podemos incluir según nuestras necesidades. Sigue leyendo y entérate.

Cuida tu entorno físico

Si procuramos que nuestro entorno de trabajo se mantenga siempre bonito, cómodo y bien equipado, no solo estaremos sentando unas buenas bases para un rendimiento óptimo en nuestras labores, sino que esto será clave para el logro de un estado mental en paz y equilibrio.

La idea es que la oficina, el taller, la cocina o incluso la furgoneta donde trabajamos sea un escenario al que nos apetezca ir o, en lo posible, que al menos no sean esos lugares de los que queremos salir huyendo.

El medio que nos rodea debe ser agradable, cómodo y no generar rechazo. Por ejemplo, aquellos que trabajan en una oficina deben hacerse con una silla cómoda y un lugar con buena entrada de luz, la temperatura adecuada y por supuesto, donde no haya fuentes de ruido o distracción.

Y es que el espacio físico influye mucho en lo bien o mal que nos podamos sentir mientras cohabitamos en él.

Haz relaciones de calidad

Más allá de las condiciones de nuestro espacio de trabajo, el elemento más importante dentro de nuestro bienestar en el ámbito laboral son la calidad de las relaciones que mantenemos con nuestros compañeros de equipo.

Por ejemplo, muchas veces pasa que un trabajo poco agradable puede ser más llevadero si tenemos una buena conexión con nuestros compañeros, mientras que un trabajo muy bueno puede perder todo el encanto si el ambiente del equipo está cargado de problemas y envidias.

Con esto no queremos decirte que tienes que hacerte amigo de todos. Lo que tienes que procurar es crear un trato de cooperación, afinidad y confianza, ya que eso mejorará directamente el estado de ánimo de todos, así como su nivel de motivación.

Cuidar las relaciones entre los distintos niveles jerárquicos

Pero, además de crear una buena relación con nuestros compañeros de equipo, es igual de importante hacerlo con los otros niveles jerárquicos de nuestra empresa; es decir, con los jefes.

Por ejemplo, en muchas empresas se ve a los jefes como personas totalmente desconocidas, o que se muestran inalcanzables y autoritarios, por lo que solemos más bien sentir miedo e incomodidad ante ellos. Por esto, y en pro de lograr la mayor eficiencia en las labores del equipo, los jefes deben buscar cambiar esta percepción de parte de sus empleados.

Hay que aprender a manejar la autoridad asociada a nuestro rol dentro de la empresa, de forma que esté bien equilibrado y que pueda transmitir una imagen de madurez, cordialidad y cercanía dentro de nuestro equipo de trabajo, permitiéndonos construir un ambiente de confianza  en la oficina.

Y es que recuerda que tener un estatus laboral diferente no implica que debamos colocar distancias e infundir el miedo; más bien, el reto es aprender a trabajar en equipo en el logro de un objetivo en común, pero desde diferentes posiciones de autoridad.

Potenciar la capacidad para trabajar eficientemente

Nos sentimos mejor cuando somos eficientes y podemos desempeñar nuestras labores con naturalidad; mientras que si, por ejemplo, suceden cosas como que internet no funcione, la videoconferencia se queda colgada, nuestros proveedores se han atrasado con alguna entrega, etc., es cuando comienza a aparecer el estrés, mucho más si son situaciones que tienden a repetirse día tras día.

Si es verdad que no siempre es fácil planificar las tareas de un equipo de trabajo, y muchas veces se requiere la paciencia y la flexibilidad de los miembros del equipo, esto no puede ser el pan de cada día. Mucho menos si la paciencia y la flexibilidad para llevar a cabo el trabajo a pesar de los contratiempos solo se le pide a los grupos con menos estatus o autoridad de la empresa y no sucede lo mismo con los cargos más altos. Y es que esto lo único que hace es crear insatisfacción y sentimientos de injusticia y recelo entre los diferentes niveles de la empresa.

Tener una buena organización del tiempo

No obstante, la organización de las tareas no es lo único que cuenta, aún más importante es la organización de los tiempos.

Dicha organización se puede evaluar de dos maneras: la primera consiste en ver el horario disponible de los empleados para la realización de las diferentes tareas. De esta forma, si le faltan horas, es evidente que traerá como consecuencia episodios de estrés y de frustración al no poder terminar con sus funciones en el tiempo solicitado. Eso sin contar que la persona vivirá con una constante sensación de inseguridad al no estar seguro de estar dando lo mejor de sí en su trabajo en el poco tiempo que tiene para hacerlo.

Por el contrario, si hay demasiado tiempo libre, este se presta para la desorganización y la dispersión. Además de que el empleado puede llegar a sentir aburrimiento dentro de su puesto de trabajo, sintiendo que le faltan retos para mostrar su valía, cosa que, a su vez, repercutirá cuando sus supervisores lo evalúen como un bajo rendimiento al ver que no ha desempeñado las labores que debería.

La segunda forma de evaluar la organización del tiempo, no depende de la empresa , si no de la responsabilidad individual de todos sus empleados. Esto quiere decir que cada empleado está en la obligación de hacer una organización efectiva de sus labores asignadas, distribuyéndolas en función de su prioridad y el tiempo que tiene disponible para hacerlas.

En otras palabras, debe potenciar su capacidad para ser responsable, eficiente y saber organizarse. Y es que solo cuando sabemos como organizar las diferentes tareas de nuestra jornada laboral es que podemos sacarle el mejor partido a nuestro horario de trabajo y presentar los mejores resultados.

Fomentar la capacidad de la empresa para cambiar y adaptarse 

Hasta en las empresas mejor planificadas suceden cambios y situaciones impredecibles, por lo que estas deben estar preparadas para responder ante ellos e ir adaptándose y evolucionando cuando sea necesario, de forma que los empleados no sientan un impacto negativo en su desempeño cotidiano y en su estabilidad laboral.

Por otro lado, aunque sabemos que complacer a todos no es tarea fácil y que a veces los trabajos son lo que son, la empresa también debe intentar ofrecer un ambiente de trabajo en donde se tome en cuenta la situación de cada empleado para que este pueda sentirse valioso y desarrollarse a plenitud y sin contratiempos. Por supuesto, todo esto sin que se vea afectada su productividad para con la empresa.

Comunicación transparente y fluida

Por supuesto la comunicación tiene un papel importante en cualquier ambiente en el que se quiera disfrutar de eficiencia y armonía. Por ejemplo, los empleados suelen sentir menos inseguridad y ansiedad cuando se les informa de todo lo que necesitan saber de una forma clara, directa y honesta y permitiendo un dialogo en donde el feedback sea valorado.

Además, el empleado debe sentir que el dialogo es fluido tanto cuando todo va bien, como cuando hay problemas y que, toda la información que se maneja siempre se basa en datos reales y veraces. Por último, no es bueno que sientan que  hay “segundas intenciones” o  “agendas ocultas” de parte de sus superiores, ya que esto suele crear distancias y recelo.

De esta forma es que son capaces de sentir que se desempeñan en un ambiente de trabajo donde la transparencia y la confianza son los valores principales.

Así, cuidando todos estos aspectos básicos de trabajo en armonía, nos daremos cuenta que aunque ningún ambiente de trabajo está pensando para nuestra salud mental, si que podemos transformarle en una experiencia segura para nuestro estado psicológico y el de todas las personas que nos rodean, permitiéndonos desempeñar nuestras labores con el mayor agrado y satisfacción posible y reduciendo al máximo los momentos en los que podamos llegar a sentir estrés, angustia o frustración.

 

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