El yoga como respuesta a las necesidades de la sociedad actual

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Una de las disciplinas más beneficiosas en materia de salud y populares actualmente es el yoga. Seguro que conoces gente que va al gimnasio o que lo practica en centros de salud especializados o incluso en el propio hogar.

Al estar cada vez más presentes en el día a día de las personas, nos damos cuenta de que sus grandes beneficios no solo no han pasado inadvertidos, sino que ya son parte de las rutinas orientadas al bienestar físico, mental y emocional, de tal forma que son capaces de adaptarse a estilos de vida muy diferentes.

La sociedad avanza y el yoga se hace más necesario que nunca

Hace poco más de una semana, hablaba con mi jefe a la hora de comer sobre los cambios sociales que estamos viviendo. Algunos de los enemigos de nuestra calidad de vida son el sedentarismo, el estrés y la desconexión corporal. Para luchar contra todo esto, tenemos un gran aliado, el yoga, puesto que, como nos dicen los expertos en yoga de Ceiba, es un hábito que puede aportarnos constancia, conciencia y equilibrio. Uno de los secretos de su éxito es que no demanda perfección, sino práctica.

Un recorrido por sus orígenes

Pese a que hoy podamos asociarlo a esterillas, posturas variadas y clases guiadas, lo cierto es que el yoga tiene una dilatada historia. Se dice que sus raíces se remontan a la India antigua, en la que nació como un camino de disciplina personal, meditación y desarrollo a nivel espiritual.

Hay que tener en cuenta que la palabra “yoga” proviene del sánscrito y se interpreta como integración o unión, de tal forma que resume bien su propósito original: conectar cuerpo, mente y atención.

Los años fueron pasando y el yoga evolucionó. En sus primeras formas, se daba un mayor protagonismo al interior. La respiración, la observación mental y la meditación tenían un gran peso. Luego aparecieron corrientes que le dieron más importancia a las posturas del cuerpo, lo que ayudó a que pudiera expandirse a otros países.

A lo largo del siglo XX, el yoga comienza a ser difundido fuera de la India. En un primer momento comenzó a estar presente en los círculos intelectuales y espirituales y luego pasó a popularizarse entre los que querían estar más tranquilos y mejorar su calidad de vida. La práctica se adaptó a diferentes públicos sin que se perdiera del todo su esencia.

El yoga en la actualidad

Ahora lo que ocurre es que el yoga se practica por motivos bastante diferentes. Hay personas que lo eligen para la mejora de su movilidad, otras para el alivio de los dolores musculares, otros por recomendación del médico y en muchos casos porque les ayuda a hacer una pausa en su día a día.

Al existir una variedad tan grande, podemos explicar el hecho de que haya estilos tan distintos entre sí, puesto que van desde las prácticas suaves y de carácter restaurativo hasta otros métodos más dinámicos y exigentes.

Otro de los cambios ha sido el entorno en el que se practica. En el pasado era habitual acudir a clases presenciales con un profesor especializado. Ahora, bastantes personas lo que hacen es combinar sesiones de carácter presencial con vídeos, aplicaciones o rutinas breves en el hogar.

Esta gran flexibilidad ha hecho que sea más fácil que se incorpore a nuestra vida diaria, incluso para aquellos que, como yo, tenemos poco tiempo.

Eso sí, muchas son las voces que hablan de que, al hacerse tanta popularidad, también se ha hecho en parte más superficial. En ocasiones se vende como si de una actividad meramente estética se tratase, pero el yoga es bastante más que eso.

El principal valor que tiene no es la imagen que se proyecta de él, sino la experiencia que viven quienes lo practican de manera constante.

Beneficios en lo físico

Entre los motivos más importantes que han sido “culpables” del éxito del yoga podemos hablar de su impacto en el cuerpo. Las posturas ayudan a trabajar la movilidad de las articulaciones, la fuerza, el equilibrio y la coordinación. No consiste solo en exigir al organismo, sino en movilizarlo con control y de forma progresiva.

Cuando se practica con frecuencia, ayuda a encontrar una postura mucho más consciente. Existen personas que pasan muchas horas sentadas trabajando frente al ordenador o utilizando el móvil, lo que acaba por afectar a la espalda, al cuello o la zona lumbar. Gracias al yoga se puede contrarrestar este desgaste realizando estiramientos, activación muscular y una atención mayor a la alineación del cuerpo.

Otra de las mejoras es en cuanto a la mayor sensación de ligereza que se produce. Como se puede mover el cuerpo de manera más amplia y se respira mejor, existen tensiones acumuladas que se liberan poco a poco. Esto no significa que puedan desaparecer todos los problemas físicos que pueda haber, pero sí que el cuerpo va a tener una mejor respuesta cuando recibe una mayor atención, movilidad y un buen descanso.

Para las personas mayores o que llevan una vida no muy activa, el yoga es una manera atractiva de recuperar el contacto con el movimiento. No necesitas realizar posturas demasiado complejas para notar efectos positivos. En ocasiones, una práctica sencilla y bien guiada ayuda a marcar las diferencias de manera notable.

Beneficios para la salud mental

Además del plano físico, el impacto que tiene el yoga en la mente es importante. Destacamos que una de sus aportaciones más destacadas es que obliga a reducir el ritmo. En las sesiones de yoga es vital estar atento a lo que sucede mientras se hacen posturas. Esto hace que se reduzca la dispersión a nivel mental y ayuda a tener una mayor sensación de presencia.

Hay personas para las que el yoga ejerce una labor de espacio de cara a poder hacer una pausa consciente dentro del día. De esta forma se puede salir del piloto automático del día a día. El poder respirar con tranquilidad, ir sosteniendo una postura, así como saber escuchar al cuerpo, puede parecer algo que no es demasiado importante, pero todos estos factores juntos tienen gran valor. En las prácticas que se realizan en la gran mayoría de los centros de yoga, hay respiración guiada y momentos en los que se experimenta una gran tranquilidad.

Todo esto es bastante útil para las personas que viven con tensión mental o tienen serios problemas para desconectar de los problemas. No se eliminan dichas preocupaciones, pero sí que nos muestra otra forma de relacionarnos con ellas. En vez de reaccionar inmediatamente, las personas aprenden a observar, sostener y responder de manera más calmada.

La relación entre el yoga y la salud emocional

Un terreno en el que se suele vincular al yoga con frecuencia es el del bienestar emocional. No porque solucione las situaciones de especial complejidad, sino porque se crean condiciones favorables para sentir una estabilidad mayor. La combinación existente de movimiento, atención y respiración ayuda a regular bien los estados de ánimo y a que exista una sensación de equilibrio mayor.

Cuando las personas practican yoga de manera regular, aumenta su capacidad para reconocer cómo se sienten. Esto es clave, porque en muchas ocasiones el malestar es mayor porque no se escuchó a tiempo cuando era necesario. Lo que proporciona el yoga es un espacio en el que podemos observar sin sentirnos juzgados, lo que en el día a día no siempre es sencillo y es muy necesario.

La autoestima a nivel corporal también puede quedar bastante reforzada. Se vive en una sociedad bastante crítica con el cuerpo, por lo que muchas personas se relacionan desde la exigencia o la insatisfacción.

Lo que hace el yoga es proponer una mirada diferente, puesto que no trata de lucir de ninguna manera en concreto, sino de habitar el cuerpo con respeto y atención. Este cambio de enfoque es de lo más valioso y de ello se benefician muchas personas que lo practican.

Una práctica adaptable

Entre las virtudes más destacables del yoga está su capacidad de adaptación a perfiles bastante diferentes. Lo pueden practicar muchos tipos de personas, desde gente joven a alguien mayor; es adecuado para quien se esté recuperando de una lesión o desee moverse simplemente, más conscientemente. Hay estilos más suaves y otros de mayor intensidad, por lo que no hay que encajar en un molde en concreto.

Esta disciplina puede ajustarse al tiempo que haya disponible. Existen sesiones que son más extensas y elaboradas, pero también otras más reducidas de diez o quince minutos que permiten mantener el hábito en cuestión. En las épocas de bastante trabajo o cansancio, esta flexibilidad es muy útil.

Eso sí, lo realmente importante es mantener una regularidad en su práctica. Cuando se hace un yoga sencillo, bien realizado y constante en el tiempo, ello tiene más valor que practicarlo con gran ambición, pero de forma irregular o esporádica.

La relación entre respiración y movimiento

Uno de los rasgos que distinguen al yoga de otros ejercicios es la relación que hay entre movimiento y respiración. No hablamos de moverse sin más, sino de que se coordinen los gestos con una respiración más consciente. Esto hace que cambie la experiencia por completo.

La respiración ayuda a servir de guía y de punto de apoyo. Cuando es más lenta y profunda, el cuerpo responde más relajadamente. Al acompañar al movimiento, la práctica tiene una mayor fluidez y es menos mecánica. Por así decirlo, la respiración hace que la sesión sea más completa que si solo se atendiese al hecho físico del movimiento.

Este vínculo también tiene una dimensión educativa. En nuestro caso, gracias a un viaje con actividades de yoga al que fuimos, descubrimos que respirábamos mal, muy rápido. Aprender a respirar mejor no es un detalle carente de importancia; influye en la energía, la tranquilidad y cómo se afronta el día a día.

Yoga y vida cotidiana

Uno de los valores más importantes que tiene el yoga es que no acaba cuando terminamos la clase. Nos ayuda a que atendamos más a la vida diaria que llevamos. Esto lo vemos en las cosas más pequeñas: sentarnos mejor, respirar antes de responder, detectar una tensión a su debido tiempo o descansar si el cuerpo nos lo pide.

Se puede decir que llevar el yoga a nuestro día a día es algo que ya de por sí justifica su permanencia. Las personas, gracias a él, pueden conocerse mejor y vivir con una desconexión mayor de las tensiones y problemas de la vida diaria. Por todo ello, son bastantes las personas que comienzan en el yoga por mera curiosidad y lo mantienen durante muchos años.

Algo que mi profesor de yoga nos comentó un día es que en estos años en los que mandan las prisas, su práctica nos recuerda que todo no mejora acelerando los procesos o los plazos. En ocasiones es posible avanzar bajando el ruido, soltando las exigencias y escuchando más a nuestro cuerpo. Lecciones simples, pero de muchísimo valor.

El yoga y su futuro

El futuro del yoga parece bastante sólido, pero también más diverso y cambiante que nunca. Todo apunta a que seguirá creciendo, aunque probablemente se mezcle con nuevas tendencias, tecnología y enfoques más orientados al bienestar que a la tradición pura. Hay expertos que creen que va a seguir transformándose, pero manteniendo algo fundamental: debe seguir ayudando a las personas a que se conozcan mejor y respondan más conscientemente a lo que estén viviendo. Se hace complicado que este no sea el camino, puesto que es uno de los grandes beneficios que tiene para la sociedad actual y todo apunta a que en los próximos años también va a ser muy necesario su ejercicio.

La tecnología va a influir de manera importante en su evolución, pese a que no todo el mundo lo ve bien en la práctica. Hay propuestas que creen en las bondades de las clases híbridas, apps o seguimientos digitales, pero hay otras voces que dicen que un exceso de tecnología puede hacer que los alumnos se alejen de la verdadera experiencia directa que ofrece el yoga.

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